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Pueblo de pintores

Este nombre evoca el idilio de los paisajes, lo agradable que es vivir cerca de la naturaleza y la belleza de un bosque excepcional, el de Fontainebleau, lugar de veraneo y de caza de los soberanos de Francia.
Pese a haberse convertido en un lugar de residencia y de turismo de fama internacional, el pequeño pueblo de antaño, tan amado por los artistas, sigue estando presente.
En la época de los pintores paisajistas del siglo XIX, Barbizon fue una modesta aldea, pero la gloria artística del lugar ha hecho que, desde entonces, el nombre del pueblo sea conocido en todo el mundo...

La Escuela de Barbizon

La expresión “Escuela de Barbizon” no se empleó hasta finales del siglo XIX, veinte años después de la muerte de los maestros más famosos del lugar. Históricamente, corresponde a la generación de artistas de 1830 que desapareció hacia 1875 abriendo el camino a los Impresionistas. La mayor parte de estos artistas eran en su mayoría pintores paisajistas y de animales que, decepcionados por la enseñanza de la Escuela de Bellas Artes y los rechazos del jurado del Salón de 1831 a 1847 aproximadamente, decidieron ir a sorprender a “la Naturaleza allí donde se encuentra”.
Aunque el atractivo de los parajes italianos seguía siendo importante, fueron al descubrimiento de Francia. Esta nueva forma de proceder es consecuencia de la moda del retorno a la naturaleza lanzada en el siglo XVIII, acentuada en aquel momento por la despoblación de las zonas rurales en las que el pueblo humilde, atraído por la industrialización, nutría el proletariado de las ciudades. Estos artistas estudiaban la naturaleza por sí misma, al aire libre, es decir “al natural” sin el pretexto de un tema histórico o mitológico que hasta entonces era la principal finalidad de las pinturas de paisajes (paisaje histórico). Para ellos, ya no se trataba de recrear mentalmente y de forma ideal en el taller un paisaje compuesto a partir de estudios al natural, decorándolo con figuras históricas, sino de plasmar con precisión las emociones y sensaciones experimentadas al aire libre ante un simple “trozo” de naturaleza. Esta voluntad de observación concreta, esta libertad de la elección de un tema poco habitual, reservado hasta entonces a los estudios, les enfrentaron a los jurados del Salón, partidarios de la enseñanza académica y estrictos con el respeto de las reglas establecidas en el siglo XVII.

Varios factores favorecieron la agrupación de estos artistas apasionados por la libertad en el bosque de Fontainebleau y, más especialmente, en la aldea de Barbizon.
Por una parte, desde 1849, el bosque de Fontainebleau era fácilmente accesible por tren, y por otra, la utilización de los tubos de pintura inventados desde 1834 permitía que los pintores dispusieran de una autonomía de trabajo para aislarse “al natural” durante toda una jornada. Por último, la modicidad del coste de la vida en Barbizon, entre los campesinos, les ayudaba a sobrevivir materialmente.
Ciertamente, los artistas que llegaron a Barbizon tenían en común ese amor por la naturaleza observada por sí misma y un pronunciado gusto por la libertad de creación, pero frecuentemente sus sensibilidades eran muy distintas y sus motivaciones estéticas muy opuestas.
Se debe reservar un lugar aparte a los precursores que, desde 1820, peinaron el bosque de Fontainebleau como Camille Corot (1796-1875), Théodore Caruelle d’Aligny (1798-1871) y Paul Huet (1803-1869).
Estos artistas inclasificables, con una fuerte personalidad, trabajaban a través de toda Francia y no se instalaban forzosamente en Barbizon, pero sirvieron de “locomotora” a los futuros pintores de la aldea que dieron fama a su nombre.
Así, Théodore Rousseau (1812-1867) llegó a Fontainebleau en 1828 siguiendo los pasos de Corot y de Caruelle de Aligny, antes de establecerse definitivamente en Barbizon en 1847, en la casa de la Grande Rue, que actualmente es un anexo del museo departamental...
Estaba seducido por la fuerza de los robles y por la fantástica luz del sol. Su visión romántica se completaba con una observación rigurosa de la naturaleza y de sus cambios a lo largo de los días y de las estaciones.
Jean-François Millet (1814-1875) se instaló en Barbizon en 1849 y en la actualidad todavía se conserva su taller. Le precedía una brillante carrera como retratista y pintor de la historia, y muchas de sus obras de esta época se encuentran en el museo Thomas-Henry, en Cherbourg.

Barbizon

Su llegada a Barbizon marcó un giro en su carrera que le llevó a pintar sus temas entre los campesinos, representándolos en sus labores cotidianas. Su visión sin concesiones, alimentada por una detallada observación de la vida rural, hizo de él un representante del realismo. Sospechoso de intenciones políticas anarquistas, fue especialmente rechazado por el jurado oficial.
Narcisse Diaz de la Pena (1807-1876), después de una carrera ecléctica en París, se instaló en Barbizon en 1840. Siguiendo los consejos de Rousseau, puso de manifiesto su aptitud para captar la luz y sus efectos, en particular en sus estudios de sotobosque.
Charles Jacque (1813-1894) llegó a Barbizon en 1849 con Mollet y se especializó en la pintura de animales, utilizando como tema los rebaños de ovejas agrupadas en los apriscos o en la llanura, y las aves de corral de las granjas.
A partir de 1868, Ferdinand Chaigneau continuó con éxito la obra de pintor de animales de Charles Jacque.

Muchos artistas identificados como pintores de la Escuela de Barbizon no residían allí, pero vivían en los pueblos vecinos de Chailly, Marlotte o Fontainebleau o simplemente iban de vez en cuando a la región.
Este es el caso de Constant Troyon (1810-1865). Este célebre pintor de animales, émulo de los pintores holandeses del siglo XVII Cuyp y Potter, se labró una reputación con sus representaciones de vacas.
Antoine Barye (1795-1875), más conocido por su obra de escultor, pasaba sus vacaciones en Barbizon en donde alquiló una casa en la Grande Rue.
Sin embargo, Jules Dupré (1811-1889), más atraído por los paisajes de Isle-Adam, pasaba temporadas en el bosque de Fontainebleau.
Charles-François Daubigny (1817-1878), que pintaba frecuentemente los reflejos de la luz en las orillas del Oise, no olvidaba a sus amigos de Barbizon, donde vivía parte del año.

La atracción que ejercía esta región en los pintores franceses se extendió poco a poco a todo el mundo. Encontramos americanos como William Hunt (1824-1879) y George Inness (1825-1894), belgas como el barón de Papeleu (1810-1881) y Xavier de Cock (1818-1896) seguido por su hermano César (1823-1904), alemanes entre los cuales Ludwig Knauss (1829-1910), rumanos como Nicolae Grigorescu (1838-1907), húngaros como Mihaly Munkascsy (1844-1900), etc.

Ciertamente el vínculo entre estos artistas de orígenes tan diversos y con motivaciones tan variadas es sin duda el Auberge Ganne, abierto hacia 1824 en su emplazamiento actual en la Grande Rue de Barbizon.
En casa del matrimonio Ganne, que les hospedaban por un precio muy módico, estos jóvenes artistas encontraban un alojamiento acogedor, cerca del bosque y de la llanura en donde trabajaban.
En la cima de su gloria, en el momento de la Exposición Universal de 1855, no olvidaron nunca esta acogida cálida y desinteresada de los posaderos.

En 1863, la joven generación de los Bazille, Monet, Renoir y Sisley se unió a los maestros de la Escuela de Barbizon, imagen viva de la libertad creativa y de la oposición al arte oficial.
Rechazados a su vez por el jurado del Salón, llegaron a Barbizon en verano a buscar nuevas fuentes de inspiración entre sus célebres precursores y entablaron amistad con Diaz, que les ayudó en su búsqueda.
Estos jóvenes artistas hicieron evolucionar en “todas las direcciones” las creaciones de los maestros de Barbizon, inventando una nueva forma de pintar denominada Impresionismo.
A partir de 1874, organizaron exposiciones de grupo, lo que nunca habían hecho sus predecesores, e impusieron una nueva técnica reclamando la utilización de los colores primarios, el toque fragmentado y las sombras coloreadas.
Algunos maestros de la Escuela de Barbizon, como Diaz y Daubigny, habían presentido estos nuevos medios de expresión y ya utilizaban colores casi puros aplicados en toques fragmentados sin mezcla previa.

A descubrir en el pueblo:

Museo Departamental de la Escuela de Barbizon “Auberge Ganne” y su anexo la casa taller Théodore Rousseau, la casa taller Jean-François Millet (colección privada), el “Croquet des peintres” y el recorrido “Sur les pas des peintres” (Tras los pasos de los pintores).

 
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